Creo que la mayoría de nosotros hemos tenido momentos en la vida en los que nos dimos cuenta de que algo estaba “fuera de eje” y se hizo inevitable pensar en ello.

 

Recuerdo algunas situaciones en mi vida donde me pregunté, ¿por qué estoy haciendo esto?

¿Cuando decidí trabajar en esta ocupación que no me gusta nada?, ¿donde quedaron las ilusiones que tenía al acabar mis estudios?, ¿mis proyectos de cambiar el mundo para hacerlo más justo?, ¿donde está la felicidad en mi día a día?, ¿por qué cuando hablo de mis ilusiones, felicidad, objetivos personales y profesionales, acabo diciendo eso de; ¡Algún día!

 

Insistimos en exigir de nosotros el esfuerzo sobre aquello en lo que no somos buenos y a veces ni nos ilusiona, utilizamos el tiempo y las energías que podrían utilizarse mejor si se trasladase a lo que hacemos con facilidad, excelencia y apetencia.

 

Esto es relativamente frecuente en el mundo profesional. Hay pocas personas que consiguen actuar la mayor parte de su tiempo, usando sus habilidades naturales y donde pueden obtener resultados excepcionales. Esto ocurre por varias razones:

 

  • Falta de conocimiento de sí mismo en el momento de elegir la universidad o seguir una carrera en el inicio de la vida laboral;

  • La mayoría de las empresas permanece aún con una estructura basada en cargos, que confina al profesional a tareas específicas;

  • La mentalidad del trabajador, que todavía cree que es más seguro limitar sus actividades en el diseño de su cargo;

  • Los líderes todavía no están preparados para desarrollar el talento y optimizar el uso de los puntos fuertes de sus equipos, trabajando desde una óptica potenciadora y emocionalmente inteligente.

 

Ante esto, tenemos gente desmotivada, poco implicada, insatisfecha con sus resultados y frustrada con la forma que están tomando sus carreras. Esta situación tiene una victima colateral inesperada que situa a las organizaciones en la mediocridad, la perdida de creatividad de los equipos.

 

Si usted es empresa o profesional con inquietudes por estos temas, un buen punto de arranque puede ser un proceso de acompañamiento. No obstante, vaya con cuidado, corre el peligro de liderar cambios que le hagan conseguir los objetivos que se proponga. Así que habrá que ver cuales son esos objetivos, que personas están involucradas, cual es el papel que juega cada una de ellas, efectos colaterales de determinadas decisiones y acciones, gestión de creencias limitadoras, cual es la realidad de la que parte usted o su organización, opciones que le permiten iniciar el movimiento, plan de acción que considera más apropiado.

 

Si usted, empresa o profesional, carace de estas inquietudes tiene el recurso de pensar que quizás más adelante, quizás, ¡Algún día!