Nuestro mayor miedo, no es que no encajemos.
Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada.
Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos atemoriza.
Empequeñecerse no ayuda a las personas que hay a tu alrededor, no hay nada inteligente, creativo o solidario, en encogerse para que otros no se sientan inseguros a tu alrededor.
Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños.
No es cosa de unos pocos, sino de todos.
Al dejar brillar nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo.
En la medida en que nos liberamos de nuestros miedos,
nuestra presencia libera automáticamente a otros.

“Del texto de Marianne Williamson.”


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