El coach participa en la vida de su cliente aplicando un proceso, coaching, siendo responsable de su correcta aplicación. El cliente al proponer su plan de acción, ejecutarlo y responsabilizarse del resultado, hace que el coach quede en la vida de su cliente entre bastidores, en un segundo plano, sin protagonismo alguno. Tanto es así que, el coach pasa desapercibido incluso para su cliente en el proceso donde se lleva a cabo unas conversaciones entre ambos. En ellas será el cliente el que planteará sus objetivos, descubrirá sus recursos, ensayará nuevos enfoques y formas diferentes de ver la realidad, desechará creencias limitadoras, generará su espacio, marcará el contenido de las sesiones y todo ello gracias a su trabajo y ganas de cumplir el objetivo que le llevó a contactar con un coach. La labor del coach es ser testigo de cómo su cliente consigue lo que vino definiendo como su objetivo imposible.

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